Enfado como modo de vida

Enfado como modo de vida
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Hay personas que viven en un estado de enfado continuo con las que suele ser difícil convivir y relacionarse. Son expertas en criticar y poner pegas a todo y en interpretar las palabras de manera errónea. Todo les molesta.

Es normal que tengamos nuestros momentos no tan buenos, no podemos negarlo. Pero vivir continuamente de este modo suele generar un gran desgaste emocional y un distanciamiento de los demás. ¿A qué se debe esta actitud? Profundicemos en ella para descubrirlo.

El enfado que destruye

Nos enfadamos cuando algo nos frustra y no ocurre como pensábamos. En palabras del médico psicoterapeuta y divulgados de temas de psicología Norberto Levy “Cuando la energía del deseo que se encamina hacia su realización encuentra un obstáculo, la obstrucción que este produce genera una sobrecarga energética en ese deseo y esto es lo que llamamos enfado“. De manera que esa energía no deja de ser un intento por asegurar lo que queremos.

El problema radica en que la mayoría de las veces no sabemos gestionar esta emoción y acabamos por empeorar la situación en lugar de resolverla. Pero enfadarse es algo normal y no tenemos que huir de ello tan solo hay que aprender a regularlo cuando ocurre.

Ahora bien, las personas que tienen al enfado como modo de vida no solo no saben gestionar cuando se sienten así sino que interpretan la situación como una grave amenaza, un hastío o algo peor. En realidad, no están enfadados con el mundo sino con ellos mismos. 

Enfado como modo de vida

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El tipo de enfado que estas personas experimentan es uno que destruye. Siempre están de mal humor, suelen dar contestaciones grotescas e incluso muecas desagradables y como consecuencia sus relaciones son casi nulas por el malestar que generan. Así, la visión de su mundo poco a poco se contaminará por una visión desagradable y negativa. Estas personas han hecho del enfado una forma de afrontamiento a la vida, por lo que siempre que ocurre algo esa es su respuesta.

Si indagamos más allá de la expresión de esta emoción descubriremos seguramente que no siempre la persona ha sido así, siendo el enfado la expresión de un problema interior que puede estar relacionado con diferentes causas. Por ejemplo, en algunos casos es la cara visible de no aceptarse a si mismo, tener un asunto pendiente que genere culpa o sentirse inseguro y vulnerable. El enfado tan solo es la punta del iceberg de lo que ocurre por dentro. Para descubrirlo habría que indagar en la historia de la persona.

Liberarse de las cadenas del enfado

El enfado crónico es como estar ardiendo continuamente, si no lo apagamos terminará por consumirnos física y psicológicamente. Por eso es tan importante aprender a liberarse de sus pesadas cadenas para no propagar toxicidad. Enfadarse no es algo malo, sino una luz de alerta que debemos atender y comprender. Para ello hay que:

  • Sentir la rabia y la frustración teniendo en cuenta que su finalidad es resolver una situación de conflicto personal. El enfado es un modo que tenemos de defendernos y hacernos ver cuando la situación nos parece injusta por lo tanto no hay que rehuirlo sino sentirlo para saber qué nos dice.
  • Tomar conciencia de nuestro nivel de excitación. El enfado puede seducir a nuestra mente de tal manera que en un par de segundos es capaz de tomar el control y secuestrar nuestros pensamientos, acciones y sobre todo nuestras palabras. Será muy complicado razonar en este estado. El antídoto será tomar aire, respirar, volver a la calma y despejarnos.
  • Analizar nuestro conflicto personal. Este es uno de los pasos más complejos ya que consiste en reflexionar sobre nuestras emociones para luego, identificar su origen. Preguntarnos qué es lo que realmente nos molesta, para qué nos sirve enfadarnos, qué es lo que nos hace daño y qué grado de responsabilidad tenemos podrá aclararnos. Siempre y cuando seamos sinceros.
  • Aprender a comunicar nuestro enfado. No basta solo con identificar cómo nos sentimos y de dónde procede sino que también hay que saber comunicarlo. Porque si no explicamos qué nos sucede a los demás, no podrán entendernos. En estos casos, practicar la asertividad será una buena estrategia.
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Por último no olvidemos aquello que decía AristótelesCualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto, eso, ciertamente no resulta tan sencillo

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