Lo que debes saber sobre el duelo

Lo que debes saber sobre el duelo
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La vida es una sucesión de pérdidas y separaciones que nos recuerdan la provisionalidad de los vínculos que establecemos. La ruptura de una relación de pareja, la pérdida de un familiar o decir adiós al lugar que nos ha visto crecer… Experiencias dolorosas que quedan tatuadas en lo más profundo de nuestro interior porque nos rompen por dentro y ante las que son necesarias atravesar un proceso de duelo.

Con el paso del tiempo iremos recogiendo cada pieza para reconstruirnos de nuevo pero en ocasiones, podemos quedarnos atrapados en largos períodos de tristeza y depresión que impidan nuestra recuperación. Saber afrontar el dolor de las pérdidas y elaborar adecuadamente el duelo nos ayudará a continuar, siendo además uno de los mayores aprendizajes obtenidos para nuestro crecimiento personal.

Elaborar el duelo

El duelo es un proceso comparado al paso de un huracán o a las olas de una gran marea en los que hay embates violentos de sufrimiento y tristeza, junto a períodos de descanso aparentes y nuevas embestidas generalmente, de menor intensidad.

Este proceso significa que tras la pérdida de un ser querido, debemos adaptarnos a la vida sin su presencia y por lo tanto, reconstruir significados sobre la relación con esa persona. En él, cada persona pondrá en marcha sus propios mecanismos para sobrellevar el dolor que esta situación conlleva.

Lo que debes saber sobre el duelo

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No hay un tiempo determinado para decir que se ha superado el duelo pero normalmente suelen pasar uno o dos años hasta que la persona es capaz de mirar hacia el pasado y recordar con tranquilidad y sentimientos serenos, sin dolor, a la persona que se fue y su historia compartida.

Ahora bien, al igual que se reconoce que el duelo es un proceso natural que implica un gran sufrimiento para la mayoría de las personas también es importante mencionar que en ocasiones, el peso de estos sentimientos es demasiado y su elaboración puede complicarse. En estos casos, pueden aparecer síntomas y trastornos que se mantienen en el tiempo y la persona que lo padece puede llegar a estancarse en algunas de sus fases, afectando al desarrollo de su vida diaria. Aquí es necesario pedir ayuda.

Aprender a decir adiós

Cada pérdida que afrontamos es única y excepcional como cada persona con la que nos relacionamos. Por eso cada proceso de duelo es diferente. Habrá personas que te dirán qué tienes que hacer ante la pérdida de un ser querido y qué es lo que puede ayudarte más, incluso tu misma puedes intentar correr más de lo recomendando pero lo cierto es que todos necesitamos tiempo para curarnos emocionalmente tras una pérdida.

Aprender a decir adiós es una tarea que requiere un gran esfuerzo y no está libre de dolor, pero que tenemos que aprender. No es fácil porque nadie nos enseñó que la vida a veces puede ser injusta. Perder la mitad de uno mismo es algo demasiado doloroso pero aceptar la pérdida pero es necesario para seguir avanzando.

Conviene aclarar que esto no significa que vayamos a olvidar a esa persona o que en un futuro, cuando experimentemos momentos de felicidad nuestro amor por ella haya disminuido. Simplemente se trata de aprender a relacionarnos con la persona que se fue de otra forma porque siempre estará integrada en nuestro corazón, formando parte de lo que somos, pensamos y hacemos.

Para facilitar esta despedida el psicólogo y escritor William Worden propone una serie de pasos que poco a poco debemos llevar a cabo:

  • Aceptar la realidad de la pérdida. Este primer paso conlleva asimilar la despedida a nivel cognitivo es decir, a partir de nuestros pensamientos para luego dar salida a nuestras emociones. Para ello es de gran ayudar recordar a la persona que no está y hablar sobre ella.
  • Experimentar el dolor. Muchas veces intentamos huir de nuestros sentimientos sobre todo si sabemos de su intensidad para evitar sufrir. Sin embargo cuanto más dolor neguemos más sufrimiento podremos provocarnos. De modo que este paso supone trabajar emocionalmente la pérdida y reconocer nuestras emociones para liberarlas y poder sanar nuestra herida.
  • Adaptarse al mundo en el que la otra persona está ausente. La persona que se ha marchado ha dejado un espacio vacío al que tendremos que reponernos, llevándose parte de nuestra identidad. Esto tenemos que reconstruirlo. Quizás necesitemos tomar nuevos roles y responsabilidades para adaptarnos al mundo sin esa persona lo que no implica olvidarla como dijimos anteriormente sino reelaborar nuestra relación con ella y con nosotros mismos.
  • Reubicar a la persona que se fue y mirar hacia el futuro. Como último paso debemos buscar un lugar a esa persona para recolocarla en nuestra historia emocional que nos permita sentir que la vida sigue teniendo sentido y que queremos vivirla. No olvidemos que la persona ya no está pero nuestra relación con ella sigue viva.
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El momento de buscar ayuda

Aunque el dolor y el sufrimiento generados por una pérdida son considerados como algo “normal”, existen ciertos síntomas ante los que tenemos que prestar una especial atención si se mantienen en el tiempo, ya que nos indican la ayuda de un especialista.

Según Robert A. Neymeyer entre ellos está un intenso sentimiento de culpa, la ira descontrolada, la sensación de desesperación extrema, algunos síntomas físicos como la pérdida de peso o la sensación de tener clavado un cuchillo de manera constante, los pensamientos de suicidio, el abuso de sustancias, una depresión pronlogada o dificultades continuas de funcionamiento. Por ello, no dudes en pedir ayuda cuando la necesites.

Tenemos que tomar conciencia de que la vida no siempre es un paseo feliz y tranquilo. En ella también hay dolor y sufrimiento y debemos aceptarlo, así como las pérdidas de nuestros seres queridos. Por lo que hagámoslo por ellos, démonos permiso, abramos nuestro corazón y brillemos por ellos.

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