"Tómame, hazme tuya" Algo más que sólo un relato sobre sexo

Relato sexual para mujeres

Este relato inicia con el ingenio y la imaginación que solo brinda la durabilidad de la insatisfacción, ese cruel pero recurrente compañero en ocasiones ubica su morada en los que el fondo de mis fantasías; sigiloso, indetectable, sublime, divino.

“Me encuentro sola y no me vendría nada mal tocarme”. ¿Quién diría que con 35 años, exitosa en mi trabajo, con proyectos increíbles a punto de salir a flote, buen aspecto físico, y con incertidumbre de cara al futuro; me hallaría en este dilema?

Sencillamente no me decido. De adolescente, poco después de hacerlo varias veces con algunos de mis pasados amores, siempre recurría a la literatura en busca de ese estímulo que sólo hallaba en el relato de una persona que jamás conocería sobre una gran sesión de sexo. Duro, intenso, placentero.

“Casi lo olvido, estaba por tocarme”. Una frase que se escabulle de mis labios y me sorprende. Algo así como un pequeño delato sobre mis intenciones reales. Dos de la mañana, desnuda, con la piel erizada y sumamente mojada; siento como mi cuerpo me pide erotismo.

Relato sexual femenino

Tocarme, no es mi costumbre, pero por hoy está bien/ Google Inc

“Me rehúso a masturbarme”

Al menos esta noche, imaginaré que lo hacemos juntos

Desearte estando sola

Las fibras de tela de mis pantys cubren mi deseo/ Tindr

El deseo que recorre cada centímetro de mí no cesa pero en algo estoy absolutamente convencida, hoy no acabaré con pequeños espasmos, ojos en blanco y sábanas empapadas con mi esencia. Quiero un orgasmo, pero lo usaré a él como mi objeto de deseo.

“¡Oh sí, es cierto! Aún no les presento a ese hombre, el único que supo cómo cogerme enteramente, como me gusta”  Él, un hombre lleno de sensualidad, virilidad, vigor, hombría; fue sin duda alguien que hizo mis orgasmos una costumbre adictiva.

No tenía un miembro excepcionalmente grande pero era la medida justa de lo que yo necesitaba. Ahora, imagino cada vaivén de sus penetraciones; la curva a la derecha de la base de su pene, y la forma tan incontrolable que gemía. Gimo, en tiempo presente, porque emulo aquél pene con mis dedos.

Voy aplicando ritmos pausados y firmes con velocidad, a medida de se humedecen mis dedos, hasta llegar a rozar mis nudillos. No tengo manos grandes, pero en este momento desearía que fuera así. Mis caderas son tan inquietas, siempre han provocado eyaculaciones potentes.

Él tampoco fue la excepción. Por ahora me conformo con recordar los detalles de cómo cogíamos, como me hacía suya; inescrupulosamente solía decirme “¿Te gusta así; duro?” mientras yo no suponía resistencia ante el placer que compartíamos.

Si alguna vez fui de alguien, así haya sido por un momento breve, efímero, honestamente te confieso, querida lectora: lo fui de él, y del gran sexo que disfruté. Mientras, ya he acabado 2, o 3 veces y aún continúo insatisfecha, inconclusa, expectante. El deseo es quizás mi leal compañero.

Relato sexual para mujeres

De nuevo, insatisfecha sin importar cuántos orgasmos tenga/ Tindr

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