Querida yo, voy a empezar a tratarme bien

Manos con corazon rojo
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Querida yo:

Te escribo esta carta porque he tomado una decisión muy importante: voy a empezar a tratarme bien. Me he cansado de tanto ignorarme y no prestarme atención. Ahora es mi momento y voy a comenzar a cuidarme, a establecer mis prioridades y a distanciarme de todo aquello que no me convenga. Te lo prometo.

Sé que te he tenido muy olvidada y que incluso has podido llegar a pensar que no existías para mí, pero la verdad es que adaptarse a este ritmo de vida tan frenético casi no me deja tiempo para descansar, ni para pensar en otras cosas que no sean mis obligaciones. Por eso he decidido dejar de vivir en automático y comenzar a estar presente, contigo, a tu lado. Para conocerte mejor y hacer que podamos ser felices porque sé que sin ti es imposible y que las dos juntas somos imparables.

Querida yo, te pido perdón

Querida yo quiero pedirte perdón por esas veces que te he maltratado sin pensar en lo que de verdad querías. Mi psicología no me lo permitía. Te he criticado y despreciado, todo porque pensaba que yo no era capaz de conseguir lo que me proponías. No te creía cuando me decías que yo podía valerme por mi misma, pero ¡qué equivocada estaba! Tu solo querías que yo me diera cuenta de mis fortalezas y capacidades, de que los resultados no eran lo que me definían.

Mujer llorando

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Perdóname porque he dudado tanto de ti que terminé creyendo a los demás antes que a ti. Dejé que ellos me definieran, que me dijeran lo que podía o no hacer e incluso hasta dónde podía llegar. Ahora comprendo cuanto sufrías… Antepuse sus creencias a las tuyas y eso que tu me conoces mejor que nadie. Así acabe, traicionándote y olvidándome de quien era para convertirme en la persona que los demás querían. ¡Siento el sufrimiento que te he generado!

Perdóname porque también ignoré tus sentimientos. A veces sentía ese miedo y esa tristeza que querías transmitirme pero escapaba de ello porque no quería sentirlo. La tiranía de la felicidad me tenía atrapada. Ahora sé que estar bien siempre es un imposible y que para saborear la alegría hay que comprender también a los momentos tristes. La percepción de ese contraste hace que crezcamos. A partir de ahora, prometo escucharte y sentir cada emoción para descifrar cómo nos encontramos.

Y perdóname cuando rechazaba mi cuerpo porque no cumplía con las expectativas de las revistas. Ahora me doy cuenta que eso casi es imposible y aun en el caso de que pueda darse, no me importa. Mis curvas me definen, mis lunares son las pistas que recorren el mapa secreto de mi cuerpo y mis arrugas son las marcas indelebles de mi vida. ¡Es tan bello ver la perfección que hay inmersa en ser imperfectos!

Querida yo, gracias

Querida yo, también quiero darte las gracias por ser mi única y más sincera acompañante, por creer en mi cuando yo ni siquiera lo hacía. Por estar cada vez que mis partes rotas se han caído, por acompañarme aún en la soledad más silenciosa y por esperar día tras día a que en algún momento me diera cuenta de que seguías existiendo.

Gracias porque sé que cuando mis fuerzas se tambaleaban y mis esperanzas habían desaparecido, ahí estabas para abrazarme, para sostenerme y no dejar que me rindiera. Sé que tu eras precisamente la que prendías la llama de ese impulso que me hacía volver con más fuerzas. Gracias a ello he aprendido a ver las crisis y los problemas como oportunidades, ahora sé que todo contiene un aprendizaje si de verdad queremos verlo.

Mujer abrazadores a sí misma con fuerza

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Querida yo, te quiero

Querida yo, te quiero y por eso, he decidido sincerarme contigo. A partir de ahora, no te dejaré sola. Caminaremos juntas de la mano por los senderos de la vida.

Ya no habrá más comparaciones con los demás para medirme porque he comprendido que no merece la pena. Cada persona tiene su historia y la nuestra no tiene que ver con ellas. Si tengo que compararme que sea con mi yo anterior para ver cómo he ido evolucionando. 

Tampoco te criticaré ni despreciaré cuando vengas en mi busca. Ahora te recordaré lo fuerte y valiosa que eres y te diré lo bonita que estás cada día. Y si tengo que insistirte que sea en volver a intentarlo.

Querida yo, ya no rechazaré más tus sentimientos. A partir de ahora recogeré cada emoción que quieras transmitirme, ya sea la alegría, la tristeza o el miedo, para sentirlas y comprenderlas con el único fin de conocerme.

Por último, te prometo reservar un ratito al día para estar contigo y preguntarte cómo te encuentras. Cada minuto cuenta y más si es contigo.

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