Sufrir en silencio no te conviene

Sufrir en silencio no te conviene
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A menudo lo haces, te escondes en tu refugio para sufrir en silencio, a solas y sin dejar huella. Luego, apareces una y otra vez como si nada con una sonrisa por bandera, mientras en tu interior se libran mil batallas. Has aprendido a disimular todo aquello que te preocupa, que te da vértigo y que te tortura.

Prefieres compartir tus buenos momentos y tus risas porque para sufrir ya estás tu sola con esa fortaleza que te caracteriza. No tienes porqué involucrar a nadie en tu sufrimiento, bastante tienen el resto con sus problemas… Pero un buen día ocurre y sin más comienzas a romperte en mil pedazos. Tus partes rotas se han desbordado.

El miedo a ser vulnerables

No es fácil poner palabras a tu dolor. Primero porque conlleva ser consciente de lo ocurrido y segundo porque de alguna manera, significa demostrar tu vulnerabilidad y exponerte a los juicios de los demás. Y eso te aterra, sobre todo porque vivimos en un mundo en el que imperan las personalidades fuertes y seguras y se desprecia al malestar y a la tristeza.

Sufrir en silencio se ha convertido en tu única opción para librarte de estigmas y etiquetas. De este modo, te proteges (o eso crees) mientras van pasando los días y poco a poco te inundas de malestar casi sin darte cuenta hasta que llegas a sentir como comienzas a romperte. A partir de ahí, ya nada vale, todo te pesa y te molesta… Estás cansada de todo lo que llevas a cuestas.

Sufris en silencio

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¿Por qué no debes sufrir en silencio?

Llenarte de sufrimiento en tu jaula de soledad no te beneficia, sino que te debilita y erosiona. A veces será de manera sutil y otras abrupta pero guardarte todo el dolor no lo hace desaparecer sino que lo prolonga. Si no pides ayuda o no te desahogas lo único que experimentarás es una intensificación de esa sensación que acabará por engullirte y asfixiarte. Todo se empañará de malestar.

Sufrir en silencio atrae los pensamientos negativos los cuales pueden formar una telaraña de la que no tendrás fácil escapatoria. Tu misma generas tu trampa y lo que un día fue azul más tarde dejará paso al gris hasta llegar al negro.

Junto a esto, los síntomas se volverán más resistentes, reflejándose tu dolor no solo a través de tu forma de pensar sino también de tu cuerpo. Sufrir en silencio durante mucho tiempo puede provocar dolores de espalda, contracturas, dolores de cabeza o incluso, puede verse reflejado en la piel. Mientras que a nivel psicológico en algunos casos, puede contribuir a desarrollar depresión, ansiedad u otro tipos de trastornos, desembocando en el peor de los casos en el suicidio.

Sufrir en silencio provocará que te alejes de los demás porque te sientas incómoda con ellos. Cuando esta sensación te invade cualquier gesto puede ser malinterpretado o rechazado por estar a la defensiva, provocando desconfianza hacia las personas que te rodean.

Además, cuanto más tiempo pases sin darle voz, más complicado será su tratamiento. No dar el paso o no compartir lo que te sucede tan solo perpetúa lo que sientes. Sufrir en silencio puede convertirse en una espiral sin salida que te aleja de todo y de todos, incluso de ti misma. El sufrimiento te cambia impidiendo que seas fiel a ti misma. Y sino piensa en cómo eres ahora y cómo antes. Seguro que encuentras diferencias…

Ante el sufrimiento, conexión emocional

La mejor arma y protección contra el sufrimiento silencioso es la conexión emocional contigo misma y con los demás. Porque al compartir tus vulnerabilidades con la persona adecuada por un lado, dejas de boicotearte y por otro, podrás expresar lo que sientes con el fin de liberar tus emociones, en lugar de quedar atrapada por sus pesadas cadenas. Compartir tus miedos y preocupaciones te oxigena emocionalmente.

Sufris en silencio

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Comunicar cómo te encuentras te ayudará a desahogarte provocando esa ligera sensación de alivio, te acercará a los demás y en última instancia, hará que te muestres cómo eres, libre de escudos, máscaras y artificios. Si no te resulta fácil también puedes acudir a un psicólogo para que te ayude.

La vida no siempre es fácil y sufrir forma parte de esta en determinados momentos, pero vivir es sentir con toda intensidad aquello que te sucede ya sea positivo como negativo. La cuestión radica en cómo lo enfrentas y procesas para no quedarte rota en mil pedazos.

Por lo que no te quedes atrapada en tu refugio por temor a sentirte vulnerable. Todos los somos. Tan solo permítete ser tú, sentir tu malestar y compartirlo con aquellos que sepan abrazar tus partes rotas para luego, comenzar a recomponerte.

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